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lunes, 17 de febrero de 2014

Entre La Realidad Virtual y la Virtual Realidad

Desde el día 12 de este mes mi rutina ha variado un poco. Ha variado porque después de la convocatoria de la concentración por el Día de la Juventud los focos de manifestaciones de descontento hacia el Gobierno y a las situaciones económicas, políticas y sociales por él generada no han hecho otra cosa que multiplicarse.





Hemos vivido, los venezolanos, días de represión real (cuerpo a cuerpo) y virtual (en casa y en cada pantalla) de manera sostenida e ininterrumpida.



Ha sido por las rendijas del control (aplicaciones desarrolladas para eludir las restricciones en el acceso a algunas páginas, el boca a boca, las transmisiones en vivo de personas particulares y por cadenas) por las que podemos, los que estamos en otras zonas, ver qué está pasando, qué están diciendo, qué pronunciamiento se está dando.


Lo virtual se ha convertido para mí en la realidad.


Es el Twitter el que me dice si la estación del metro estará abierta, si en la zona en la que se encuentra mi trabajo habrá protestas y cuándo y dónde se reunirán otra vez para manifestar.

Son las conversaciones en Whasapp y los post en el Facebook los que me dicen cómo está el país. Son las fotos que veo por los conocidos los que me describen la realidad de ese mundo que aunque parece más lejano está allí a dos o tres estaciones del metro, justo esas que están cerradas para que la gente de a pie, la gente como yo, no lo vea, para que la gente siga de largo al trabajo, para que sea una minoría la que puede decir “con estos ojos lo vi”.

Cuando paso el umbral de la oficina me tengo que “desconectar” (¿o me tengo que conectar?) ocupándome del día a día y despreocupándome del mañana. Entre e-mails, reuniones, conversaciones y cosas qué hacer se van las horas…


La realidad empieza a tener un sinsabor virtual.


Me parece que mi rutina es un juego, un tránsito en el que salto tortuguitas para que no me muerdan pero allí están, sólo basta con dejar de saltar. Surreal y distante cuando sé que allí arriba del túnel que atravieso, en esas estaciones en las que el tren no se para, ha habido (o hay) una batalla.

No sólo en la televisión (primer medio de comunicación en Venezuela) estamos censurados. La necesidad, la búsqueda del pan, la pérdida en el mundo de lo inmediato nos obligan y nos empujan a engranarnos en este mundo virtual.

Nuestra salud mental pareciera que también a veces nos lleva de la mano a satisfacer y embriagar con libros, con origami, con películas esas ansias de ser libres, dopándonos, tomando ese somnífero, para no ser uno de los que engrose la lista de detenidos.

¿Podré soltar la mano de la inmediatez?
¿Me encontrará la realidad mañana?

No lo sé… ya veremos… los dejo, mañana me “levanto” temprano para ir a trabajar. 

martes, 7 de enero de 2014

Desde el país del “cupismo”



“cupo.

(Del verbo caber).

1. m. Parte proporcional que corresponde a un pueblo o a un particular en un impuesto, empréstito o servicio.

2. m. Parte, porcentaje en general.”



Diccionario de la Real Academia Española


Vivimos en la época del cupo, en el país de la “contingentación”  y de las colas, del “cupismo” exacerbado.


Decidí inventar esta palabra (“cupismo”, la de “contingentación” no la he creado yo, es un término inglés aplicado a las importaciones sobre todo y que significa sistema de cuotas) porque ya que “Selfy” (del inglés, una foto de uno tomada, valga la redundancia, por uno mismo) ha sido denominada por el diccionario de Oxford como la palabra del año, en la Venezuela del 2014 el “cupismo” bien podría ser la palabra del año. 


Para ilustrar mejor mi punto (para aquellos amigos que viven en una burbuja –roja- o para aquellos de otra latitudes) el venezolano de hoy en día, el de a pie, necesita en su vida CUPOS, sueña con CUPOS, llora por CUPOS. 


Si vas a un supermercado y hay harina de maíz precocida (con la que hacemos nuestras arepas) es ya común la pregunta “¿cuántas me puedo llevar?” porque hay un CUPO, no te las puedes llevar todas contribuyendo a la escasez y a las maniobras desestabilizadoras de la oposición. Lo mismo pasa con el café, la azúcar, el papel higiénico, la leche en polvo y líquida, la leche neonatal, los pañales, el aceite y otros productos de primera necesidad que tengas la suerte de encontrar. 


Otros rubros, no considerados de primera necesidad, han sido objeto del “cupismo” debido a la genial idea del Gobierno Nacional de bajar los precios de los productos. Así fue como ZARA, BSK, TOMMY y otras tiendas muy muy socialistas tenían colas de población de izquierda que querían lucir autóctonos y que eran capaces de VENDER su puesto en la cola (lo cual equivale a vender su “CUPO” de la ropa que en teoría querrán). No sólo eso, las vitrinas de las tiendas te advertían que “no se permitían prendas repetidas”, “no más de 4 prendas por persona”, etc. 


El venezolano “normalito” cada vez que viaja tiene que pedirle permiso al Estado para sacar una porción de su dinero (casi siempre bien-habido), porción además que está fijada sin importar las necesidades del viajero.


Para compras por internet el venezolano también tiene un “CUPO”  (cuya renovación, por cierto, todos están esperando con ansias en estos días antes de que anuncien la devaluación de manera formal) .


Estoy convencida de que el “CUPISMO”


[(s)  Definido como la costumbre o manía de entidades privadas pero sobre todo de las públicas de fijar cuotas o cantidades específicas que el consumidor  podrá obtener de un bien, servicio o materia cualquiera que esta sea.]


tiene todo el potencial para convertirse en la palabra del 2014 y he decido adelantarme a cualquier lingüista, profesor o al mismo Maduro (al cual le encanta inventar unas palabras y confundir otras) y proclamarme públicamente desde el balcón de mi casa creadora de la misma cuando leí este titular:


 

Sé que desde ahora el haberse leído tantos libros de manera desmedida será considerado un delito y que el conocimiento adquirido que yace en nuestros cerebros, inerte y sin producir, será causal de cárcel. Le juro al Gobierno que yo trato de usarlo todo, pero a veces, simplemente, se acaba el día y no puedo usar esa nueva palabra o contar la historia a otro. 


Sé que el acaparamiento de libros podría ser penado de alguna manera y ya que soy culpable confesa de tener más de un centenar de libros nuevos y sin leer (AUN) le pido al Gobierno de antemano que me exima de la pena, que varias cabezas viven en mi casa y que todas ellas tienen necesidades; además, tal como el cupo de viajero, merezco un tiempo al menos para pasar las paginas y leer lo que resta. 


Espero que en su infinita generosidad el Gobierno establezca un CUPO acorde con las necesidades de cada quién y que, al menos en este caso, permita la transferencia de cupos de aquellos que no leen a aquellos que sí.


Si todo esto no les parece evidencia suficiente de que CUPISMO tiene potencial de ser una palabra de uso cotidiano les pido que no se precipiten, que esperen a mediados de año y me cuenten cuantas veces en el año pensaron en que TODO, tiene un “CUPO”










viernes, 27 de diciembre de 2013

Anécdotas Literarias I



I


De aquí.


Caracas. Plaza Venezuela. Andén dirección Palo Verde. 7 am. (Para más señas no cabe ni una aguja).


Ella camina con paso decidido hasta la cola, escucha música (Muse, Apocalypse. Esto no tiene importancia, no es su banda preferida pero lleva semanas pegada con ellos), cuando llega a la fila abre un libro (Cumbres Borrascosas. No tiene importancia el libro, pero vamos, había que decirlo en caso de curiosidad. No le está gustando y cuando lo termine sentenciará que lo odia. Esto tampoco importa).


Un dedo (índice creo) le toca el hombro. Deja de leer, voltea. Se encuentra con una cara desconocida. Se quita uno de los audífonos. Él le dice con tono decidido: -¿Lees?


Ella no cabe en su asombro. ¿Qué se hace con un libro abierto? ¿…en las manos? ¿Pasando los ojos por las letras?... Dios... Es obvio que se lee. -Sí - responde. -Y... ¿Qué lees? Pregunta él un poco inseguro. Ella levanta el lomo del libro. Él repite la pregunta con la mirada extraviada en sus ojos. Ella señala el lomo. Tiene ya cara de obstinada, le molesta que le quiten el tiempo para leer. -Malayo que me ha espichado la burbuja en la que me meto para soportar a este gentío- piensa.


-¿Y lees siempre lo mismo?, es que siempre te veo y estás leyendo. Ya la gente de la cola está pendiente. Ven con curiosidad tal vez el inicio de algo pero no saben de qué. La cara de ella no suelta prenda. Fría e inexpresiva. La cara de él ya está sudorosa, como en un examen -Claro... Lo termino y vuelvo a empezar, es más... Si tanto me has visto, ¿Cómo no te has fijado que los libros varían de tamaños y colores? (Ya que está visto que no sabías que en el lomo dicen, normalmente, el titulo) - piensa en cuestión de microsegundos. -No... -Responde en voz alta- leo siempre cosas diferentes. Y se voltea.


Ella pretende volver al libro, la gente vuelve a sus cosas, él... no estaba haciendo nada, solo la cola.


Ella piensa - tendré que hacer la fila en otro lugar del andén mañana... Tal vez me lo encuentre y me vuelva a interrumpir-. Se imagina también las mil y un formas que cualquier personaje de novela (en formato libro, las de TV no le gustan) pudo haber usado para hacer de ese "encuentro ingenioso" (categoría sacada de la muy cursi película "The Holidays" que le ha gustado mucho) un algo más.


Llega a la oficina, lo cuenta, lo escribe en su estatus en Facebook y tiempo después escribe un post en su blog... Parece ser que la insignificancia del diálogo al final ha significado algo más para ella que para el "galán del andén" que de seguro ya la olvidó.



II



De allá



Madrid. Sol. Entrada a la estación del Cercanías. 10pm. Con miles de bolsas en las manos. No hay mucha gente, tampoco poca, la normal.



Ella camina rápidamente hacia las escaleras, espera estar a tiempo todavía para tomar el Metro del Sur. Alguien la ve, ella no se da cuenta, se le acerca en la escalera y le dice - Hi!, are you going to Getafe?- Ella se extraña...- ¿Cómo sabe a dónde voy? Y ¿Por qué me habla en inglés?- piensa-. Pero la desconfianza y el traductor se activan como piloto automático y tomando las bolsas un poquito más fuerte responde -Eh... No. I'm going to Atocha - con una mirada de desconfianza. A lo que él responde: - Oh! I thought you were going there. I saw you the other day at Getafe station reading The Economist (my favorite magazine) so...- y mientras lo dice, saca de su bolsillo el ticket de aluminio del abono (el ticket que sacas para que los viajes que hagas por tu zona sean más baratos y que te dan si eres estudiante y residente) ya él le respondió por qué le habla en inglés, pero él es Español, duda... No tiene acento la verdad...


-Por cierto... Puedes hablarme en español- dice ella. La mirada de él se ilumina, no es que le preocupe el idioma (habla inglés muy bien, ya lo he dicho pero siendo español merece un reconocimiento extra) sino que ella le ha hecho una concesión, le ha abierto una rendija, al menos le ha dicho algo de ella. Le ha dicho que es venezolana, conoce el acento. La escalera se acaba. -Bueno... Que te vaya bien, yo tengo que comprar mi ticket- dice ella, él le grita - Vale! Te espero aquí.



En menos de 3 minutos él le convence de que no es un asesino serial. Habla de su cuñado venezolano, que estudio en Los Arcos, de su mejor amiga venezolana, que es de Maracay. Ella reconoce que no va a Atocha, va a Getafe, específicamente a Juan de la Cierva.



Y allí van hablando de CADIVI y del sistema cambiario venezolano. Él pronto se titulará economista, está muy interesado en el tema. Los dos hablan hasta por los codos (¿Qué venezolano para de hablar cuando le mencionan CADIVI?).



Él propone caminar desde Getafe hasta Juan de la Cierva. Ella acepta. Le ayuda con las bolsas. Él repara en que hay una de Casa del Libro –Te gusta leer- dice.  Él propone tomar unas cañas (birras) ella dice que no (no es por desconfianza, solo que mañana a las 7am tendrá que estar en la T2 rumbo Charleroi, igual sin cañita de por medio se quedará dormida y tendrá que correr, alcanzará el vuelo, aunque esto no tiene importancia).



Siguen caminando hablando y riéndose. Llegan al destino de ella. Se detienen. Parece el momento incómodo de la cita en la que no se sabe si habrá beso o no. Él lo piensa. Ella no, pero piensa que él sí que lo piensa. Ella le indica por donde debe seguir para llegar al metro, él asiente. Él le dice ansioso "debo volver a verte", ella no está ansiosa, sabe que se volverán a ver, lo agregará al Facebook y ya cuadrarán.



-Seguro, dime tu nombre completo y te agrego al Facebook- responde tranquila- No, mejor dame tu e-mail, podrían haber muchas con tu nombre -dice él- Ella no lo cree, es la única con esa h intercalada allí en ese nombre. Le da el e-mail. - No tienes Blackberry? Todos los venezolanos tienen- agrega él- Blackberries y CADIVI, vaya imagen que nos hemos labrado los venezolanos en el exterior...- Si tengo, pero no activé el roaming- cara de confusión de él- Es que... Estoy de vacaciones- agrega ella.



Si hubiesen habido espectadores de la escena, si la calle hubiese sido un escenario, los espectadores se hubieran ido. Una casi historia de algo que no fue. La verdad es que se volvieron a ver, no hubo beso esa vez tampoco porque a él le sobró tiempo para hablar de su novia pero le falto valor para robarle un beso en la despedida.



Se volverán a ver, tal vez más cerca de este lado que de aquel, pero siempre uno de los dos tendrá pareja. Tal vez cometan adulterio por un momento y se den el beso que han pospuesto desde hace ya un par de años sin importar los terceros (o los segundos, porque los terceros serían ellos). Se separarán y cada quien seguirá su camino. Ella imaginando cómo en una novela (en un libro, ya dije que la TV aquí no figura) esto sería parte central de la historia, no tipo Amor en Tiempos de Cólera (que siempre le pareció deprimente con todo y el reencuentro de la tercera edad de Florentino y Fermina) sino de otra manera, algo más feliz (y pasará un buen tiempo hasta que ella encuentre el paralelismo literario, los alter egos que le gustaría encarnar, que la literatura está llena de historias tristes y las alegres hay que buscarlas con lupa).


De eso ella no escribirá en su blog. Tal vez escriba un estatus de esos que son para alguien pero pretenden ser para nadie.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La Vida... Bohème

Estoy en medio de una multitud aletargada que ante el alcohol y la cadencia de la música se deja llevar ...olvidando la desesperanza que vive. El tiempo sin futuro, un presente estacionario, similar al de una piedra cayendo al vacío.

 
Una juventud que parece haber despertado hace minutos gracias a La Vida... La Vida Bohème. Cuando ellos tocan la ira y la impotencia se pueden palpar en el aire. El descontento se ha tornado melodía y los cantos son gritos de guerra y de una lucha. Las manos se alzan y cantar con ellos te hace sentir más fuerte... El cansancio desaparece y si quisiéramos podríamos derribar un muro, hay esperanza, somos "La Resistance".


Parte de ti se conecta con un colectivo dirigido por estos cuatro seres que tal vez no tienen plena consciencia de lo que despiertan, que tal vez son poseídos también por esa fuerza que nos lleva a reclamar justicia a gritar por lo que es nuestra tierra (o debería decir nuestra fiesta?).



Existen todos porque sientes su calor, el eco de sus voces, pero a la vez no existe nadie más que ellos diciéndote que el hambre puede cantar tan fuerte que puede defenestrar a cualquier reyezuelo. Les creemos y cantamos aún más fuerte. Les cantamos a ellos (los que cantan canciones de falsa revolución) y nos cantamos a nosotros.


Termina el concierto y el cansancio vuelve. Es como una desconexión. Las piernas me recuerdan que lo que pareció un segundo fueron en realidad par de horas de rodillas en un banquillo de madera.



Las luces cambian, las caras mudan y todos nos acordamos que vinimos con alguien y volvemos los rostros en los cuales se puede leer que todos estábamos en el mismo trance.

Salen los hipnotizadores, les felicitamos, les damos palmadas, les pedimos fotos, les deseamos suerte (para los próximos Latin Grammy).
Le pregunto a Rafael (bajista de la banda) si ellos logran vernos cuando tocan, porque pareciera que sí pero a la vez que no. Me dice "la verdad no... Es que cuando tocamos estamos como en otro nivel...es difícil de explicar..."

 
¿Como le explico que le entiendo?


(si no los han escuchado denle clic)

lunes, 28 de octubre de 2013

Camina, anda, camina

Camina, anda, camina
Pon un pie delante del otro
Sólo un paso a la vez
Que así andarás un buen trecho
Así te pondrás de pie.

Camina, anda, camina
Como si lo hicieras por primera vez
Porque de tanto volar por las nubes
Has olvidado cómo usar los pies.

Camina, anda, camina
Siente el piso bajo tus plantas
Y cuidado con la piedra y la grama
Con lo mojado y lo que resbala.

Camina, anda, camina
Transita con confianza por estas calles
Que son tuyas aunque no lo recuerdes
Que te pertenecen aunque mal paguen.

Camina, anda, camina
Que las caídas ya te son familiares
Que aunque ahora reptes y te arrastres
Pronto olvidarás el dolor
E intentarás volar otra vez.