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domingo, 4 de agosto de 2013

La Independencia a Palos



Hace unos días terminé de leer "La Independencia a Palos" de Elías Pino Iturrieta. Este libro aborda de una manera bastante digerible una problemática social muy profunda: la idealización de la independencia en la sociedad venezolana.


En un texto como este que, de acuerdo a su autor, está conformado por material escrito independientemente para diversas conferencias o ensayos, es admirable notar que difícilmente se puede percibir esta "independencia", al contrario, los ensayos que lo conforman son una unidad perfecta.

Pino Iturrieta expone, con citas de fuentes reconocidas, como lejos de ser una gesta de caballeros guiados por el ideal de la libertad, nuestra independencia fue el producto de fuerzas políticas, sociales y económicas velando por sus intereses en un contexto propicio.

También explica sus conclusiones del origen de toda esta idealización plasmada en los textos educativos y repetida como fórmula por cualquiera que desee hacer carrera política.

La edición realizada por Editorial Alfa es amigable, pulcra, no le encontré ni un error ortográfico ni gramático.

Era la primera vez que leía a Elías Pino Iturrieta y, dados los resultados, no será la última. Se los recomiendo, este es un libro sumamente esclarecedor y brillante.

Su autor también es usuario del twitter (uno muy activo) @eliaspino ; sus temas predilectos son los políticos, vale la pena darle follow. 


viernes, 19 de julio de 2013

El exilio autoimpuesto



Nos vamos,

Nos cansamos de sufrir, de preguntarnos por qué

Nos vamos,

Nos negamos a seguir esperando, dilatando el hasta cuando

Nos vamos,

Con algo llenaremos este vacío de arepas, amigos y Ávila

Nos vamos,

Seguiremos con los pies acá y el corazón allá, viviendo aquí y soñando allá

Nos vamos,

Anhelando volver.



Hace unos días tuve la oportunidad de cocinarle mis famosos tequeños (bautizados por Nuloha como Maiteques) a los invitados venezolanos de una amiga (también venezolana) en México DF. 


Ese día, esas cuatro paredes fueron un huequito desde donde el que se asomara podía ver a Venezuela. Embajada improvisada con extraterritorialidad que envolvía los sentidos. Con olor a fritanga, sabor a ron y textura de un Toronto derritiéndose en la boca.


Esa noche nos paseamos por los 70’s, los 80’s y los 90’s de la música venezolana (o incluso la foránea que se puso de moda allá). Nunca Kiara ni Guillermo Dávila se imaginaron que saldrían a colación en pleno México DF en el 2013. 


En esa pequeña Venezuela improvisada hablamos de política (para variar). Para personas que tiene uno, dos, y hasta más de cinco años sin pisar su tierra me sorprendió su conocimiento exhaustivo de los cambios ministeriales,  de los nombres de hasta el más insignificante lacayo del imperio bolivariano (esto es material para otro post, don’t ask, don’t tell) y del más reciente activista opositor. 


Mientras yo quiero escapar vendándome los ojos con libros, tapándome los oídos con música y dopándome con mis seres queridos en reuniones en donde nos prohibimos hablar de política, ellos se sumergen en los periódicos, preguntan a todo el que está allá a todo el que llega, ellos quieren regresar y no dejar de sentirse parte. 


Están tranquilos, están felices y saben que tomaron la mejor decisión, la única que podían tomar. Pero la saudade no les abandona, el Ávila se les incrustó entre ceja y ceja y esta explanada en donde se extraña el verde les golpea la vista les recuerda día a día que gracias a Dios están aquí, pero que qué desgracia que no estén allá. 



Una amiga me decía que los venezolanos somos de los pocos inmigrantes que se reúnen frecuentemente, que forman una comunidad fuerte, que siempre andan pendientes de reconcer al compatriota. Y sí, en su mayoría somos así… creo que es porque el que se va se va porque tiene más que perder quedándose que saliendo del país. El que se va se lleva en la cabeza al amigo, familiar o conocido que mataron para robarle un celular o el susto del secuestro frustado del cual fue objeto. Creo que es por eso que cuando conocen a un No-boliburgués expatriado se le tratan como un hermano, porque al final para todos fue difícil.





Cuando estoy en Caracas, caminando o en el metro, a veces me topo con esas cosas que me dan un poquito de esperanza: un chico leyendo a George Orwell, un niño sobando a un perrito o un nuevo restaurante… esa reunión me envolvió en una calidez insospechada y me dio muchas esperanzas. Me hizo ver que aunque muchos de los nuestros, de esa gente trabajadora, buena, que ama a su país, está agarrando sus maletas para irse; también es cierto que no se van para siempre y están esperando el momento de poner fin a ese exilio autoimpuesto. 


Brindo por ellos, por mis compatriotas que más allá de nuestras fronteras son los mejores embajadores, los mejores consejeros y los mejores anfitriones que se pueda tener.


jueves, 20 de junio de 2013

Las “originales” versiones

Días atrás leía como mi primo relataba por Facebook que, estando en Granada, escuchó a un cantante callejero cantando “Caballo Viejo”. Para su sorpresa (o decepción), el cantante pensaba que la canción era original de los Gipsy Kings…




Y es que dependiendo de nuestro idioma, del país en el que vivimos, de nuestra edad o del tipo de música que nos gusta, nos llegan canciones que creemos que son las “ORIGINALES” pero que no son más que una versión (a veces mejor logradas). Comparto con Uds. algunas de esas canciones:

·     Killing me Softly: no sé Uds. Pero siempre pensé que esta canción era original de Roberta Flack y que Lauryn Hill había hecho una buena versión. Pues no, la original es de Lori Lieberman a quien, valga acotar, yo no conocía.

·      I will Always Love You: lo siento por los admiradores de Dolly Parton, pero… después de escuchar a Whitney Houston cantando esta canción, ¿Quién puede recordar a alguien más?...






·        El Relojito Cucú: en cada camioneta y transporte público caraqueño sonó esta canción interpretada por un tipo llamado Maelo Ruiz… detestaba esa canción, no solo porque no me gusta este tipo de salsa, sino porque la versión original, de MANÁ, no era conocida por nadie! Y sin duda es mejor que la salsosa de Maelo.




·    Bomba: años atrás estando en Barcelona con unos amigos (tres venezolanos, una vasca), empezamos a discutir (vaya Ud. a saber por qué) de quién era la canción “Bomba”. Lara estaba segurísima que era original de un tal “King África”, mientras que el resto (hijos de la tierra del Arauca vibrador) insistíamos explicándole que no, que era de “Jump” (¿alguien sabe que fue de este ser?). Acudimos al “oráculo” (mejor conocido como Google) y resultó que ni lo uno ni lo otro; el tema era original de una banda boliviana llamada “Azul azul”.






·     Que Bello: estando en México en la boda de una buena amiga escuchamos una versión tipo cumbia o música grupera (NI IDEA como se llama ese género musical realmente) de la canción popularizada por Kiara en los años 80’. Dudamos bastante sobre el artista original y solo después de consultarlo en internet pudimos constatar que sí, Kiara es la original. Les confieso que a mí la versión de La Sonora Dinamita me gusta más.




De último comparto la que más me sorprende: My Way. Que no es original ni de Frank Sinatra (quien la inmortalizó) ni de Paul Anka (quien la adaptó al inglés); sino de un francés llamado Claude François, ¿Qué tal?






Ahora, ¿Saben de alguna otra versión “original”?

lunes, 10 de junio de 2013

Enmendar los errores. No hay mejor publicidad que esa.


Un par de años atrás denuncié, aquí mismo en mi blog, como el Banco Provincial se interesaba poco por la seguridad de sus usuarios y como la negligencia de los empleados de la agencia a la que fui hicieron que mi salida de la misma fuera una carrera llena de temor.


Hoy, después de haber realizado tres trámites más en el mismo lugar, me siento en el deber de felicitar a esa agencia (Chacaito II) y a su Gerente (Iraima) por el cambio.



Después de escribir la entrada en mi blog y de remitir al twitter de BBVA casa matriz y al de Provincial BBVA Venezuela recibí varias llamadas. Una persona del departamento de Calidad y Gestión del Usuario se comunicó conmigo via e-mail y, posteriormente, vía telefónica  para preguntarme detalles sobre el trato del personal, identificación de los empleados y procedimientos que yo criticaba.



Al regresar de esas vacaciones recibí la llamada de la Gerente de la oficina, quien se disculpaba conmigo en nombre del Banco y de ella misma y me invitaba a volver para que viera los cambios que estaban empezando a realizar, me dio su teléfono y se puso a mi entera disposición.



Volví un año después y le informé que iría.  Mas allá de personalmente atenderme, se notaba que los cambios eran generalizados, había nuevo personal y los buenos empleados que ya tenían los mantuvieron (caso de la Sra. Carmen quien me tramitó mi primera tarjeta de crédito).



Mi operación fue totalmente discreta y salí de la agencia en tiempo record y con una sonrisa.



He tenido que acudir nuevamente y la agencia sigue mejorando. Esta vez la Gerente no estaba presente (aunque atendió mi llamada disculpándose por no estar). La atención que recibí por parte de la Sra. Noni fue excelente.



Mas allá de la buena labor gerencial realizada, rescato la buena atención a las quejas y el seguimiento realizado a mi caso desde las redes sociales hasta llevarlo a las ultimas instancias.



Si la queja se hubiera quedado en el aire sin duda hubiera acudido al INDEPABIS y habría terminado mi relación con la entidad.



Mi enhorabuena al BBVA, al Provincial y al personal de la Agencia de Chacaito II por convertirse, al menos para mi, en un ejemplo a seguir.



No hay mejor publicidad que enmendar los errores y mejorar en función de las necesidades del cliente.

martes, 21 de mayo de 2013

Mi Julio Verne


Estoy re-leyendo (esta vez en inglés gracias a una de mis mejores amigas) Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino de Julio Verne. 

A pesar de haber leído infinidad de veces las aventuras del Profesor Aronnax, su fiel Consejo y el arponero Ned Land;  hoy, como hace tiempo no me pasaba, casi me salto una estación del Metro.

Conocí a Julio Verne gracias a una colección que mi mamá aún atesora de “Clásicos Juveniles”. Y que estaban en lo alto de la biblioteca junto con versiones de las mismas aventuras en tiras cómicas. Recuerdo como me encaramaba para alcanzarlos y como los leía con avidez hasta en el baño.

Mi boca se abría con asombro ante cada descubrimiento y lloraba como Magdalena frente a la tragedia de mis héroes.

Con increíble exactitud predijo (en sus más de cincuenta novelas) muchas de las cosas que hoy son realidades: los viajes espaciales, los submarinos, el Internet  los ascensores, motores eléctricos y hasta las armas de destrucción masiva.

Verne escribió sobre viajes en todos los continentes (incluso llegó a Venezuela en “El Soberbio Orinoco”) y sus personajes eran multi-étnicos. Llenaba sus relatos de cálculos de pesos, velocidades, masas y de un montón de antecedentes a las expediciones y descubrimientos que, para ser sincera, no tengo la menor idea si fueron reales pero que le daban a sus relatos una fuerza de verdad innegable.

Para su tiempo Verne escribía sobre un mundo imaginario, inventos no creados y lugares que no habían sido descubiertos (de ahí que fuera considerado el padre de la ficción literaria).

Me conmovió mucho descubrir que Julio Verne había escapado de su casa, a los once años, para alistarse como grumete y hacerse a la mar. Fue atrapado por su padre quién le hizo jurar que no volvería a viajar y, salvo pequeños viajes en la misma región, cumplió su promesa viajando sólo a través de las letras.



Por años pensé que debía estar agradecida por aquella mente maravillosa que me hacía viajar de pequeña pagando un castigo, ahora me he dado cuenta que no. Julio Verne rompió la promesa de su padre viajando de la manera más emocionante e increíblemente posible: a través de la mente y nos hizo a todos (contemporáneos y no contemporáneos con él) ser sus cómplices.   

domingo, 28 de abril de 2013

Perder ganando


Me encanta ganar… al contrario de lo que dicen por ahí, para mí la sensación de ganar no es comparable con la de meramente participar. “Lo importante es competir” siempre me ha parecido el consuelo del perdedor… si compites es porque tienes altas probabilidades de ganar, porque eres bueno y si no ganas, lo intentarás otra vez hasta conseguirlo.

Cuando estaba en el LAMUN (Latin American Model of United Nations) una chica venezolana de otra universidad “consiguió” mis papeles de investigación y en plena discusión (caucus) la vi con ellos. Esta chica pasó una sesión entera con mis papeles, todo un día usando mis argumentos, todo un día mintiéndonos. No la denuncié… quería ganarle, quería mostrarle que a pesar de su trampa nuestro equipo era mejor. 

Ganamos ese año en nuestro comité…

Como amo ganar de buena lid no entiendo cómo las personas pueden conformarse con “triunfos” amañados, cómo hay algunos que pueden defender el amedrentamiento a los funcionarios públicos para que voten de una manera, cómo hay quién no desee abrir las cajas, auditar los instrumentos de votación y echarle en cara al otro, al dudoso, que ganaron.

Veo en el Facebook como algunos se regodean, como unos pocos “celebran”, pero no dejo de ver en ellos a ese niñito que ve las fichas de scrabble antes de agarrarlas y celebra el haber formado una palabra con las siete letras… a ese al que le soplan la palabra en el pictionary y consigue un punto para su equipo, al que vuelve a lanzar el dado cuando el compañero se va a servir un refresco…

Creer que se gana haciendo trampa es perder y es reconocer que no se es capaz de ganar de otra forma.

miércoles, 6 de marzo de 2013

El día después



Chávez ha muerto.



No lo digo como una noticia, no lo escribo para que se enteren, ¿quién en este planeta no sabe que él está muerto?, me lo repito a mí misma, sí está muerto, sí, lo dijeron.


Después de meses viviendo en el país de los cuento, del “me dijo una amiga que trabaja en el Hospital Militar…”, “me dijo un amigo que trabaja con la esposa de la mano derecha del que trabaja en…” lo que muchos de nosotros creíamos como certeza desde hace un buen tiempo se confirmó a través de un Nicolás Maduro perdido en esas líneas que ha tenido que recitar: está muerto.


Ayer cuando recibimos la noticia en la oficina, nos miramos a las caras y corrimos a las salidas. Cada quién pensó en lo mismo: llegar a casa lo antes posible. Los centros comerciales y tiendas cerraron, como por arte de magia los cajeros se llenaron colas de personas y el metro dejó de funcionar. “No vengas a casa que están saliendo chavistas en motos lanzando tiros al aire” me telefoneó mi mamá, “vente a mi casa que queda más cerca” me dijo mi hermana; pero ¿cómo?, las líneas se congestionaron, la gente corría en una vorágine de temor, ansiedad y expectación. La llamada a mi jefa (única llamada que pudo exitosamente salir de mi línea) fue el salvavidas y ella, que tiene el corazón más grande del planeta, se desvió de su camino para buscarme.    


Tienes que ser venezolano para entender el clima que se vive en el país, para saber qué significa realmente que Chávez no esté más, entender qué es para el venezolano común el conjugar en pasado todo lo que tiene que ver con el que fue por más de una década el presidente de Venezuela.


Que murió hace mucho, que murió anoche, que me reuní con él cinco horas, que hablamos por diferentes vías escritas (no, no es un error lo de ”diferentes vías escritas”), que lo veo fuerte, que está batallando, que tuiteó… tantas versiones contradictorias entre sí, inverosímiles y sin sentido que, por ahora, no quiero de tratar de explicar, de cuestionar, es que… está muerto… ya lo sabemos, no hay manera de bajarle la luz a esa noticia encandiladora.


¿Me siento triste? No, ¿me siento feliz? No. El hombre que (mal) gobernó mi país desde que tenía 13 años ha muerto y todavía no pierdo la capacidad de asombro.


Nos ha afectado y las caras que vi en el metro hoy: las de unos tostadas por el Sol e hinchadas por el llanto, las de los otros tratando de no ver a aquellos y hablando en voz baja; me confirman que él está muerto, pero que tal vez esto no ha terminado…