Casi siempre me parece que los
libros que leo me escogen en vez de ser a la inversa. La razón por la que
pienso eso es que cada uno de ellos guarda una extraña (y casi paranormal)
relación con mi momento de vida, con las experiencias que estoy viviendo en el
momento o con los pensamientos que están germinando en mi cabeza.

El personaje al no poder tener
contacto con su amada, en determinado momento de la trama, empieza a rememorar
las sensaciones que con ella tenía (al hablar, al tener sexo, al tomar un té) a
través de los objetos que por sus manos pasaron o por aquellos que fueron
testigos silenciosos de su (la de ella) vida.
Aunque muchas cosas son
terriblemente retorcidas en el comportamiento de Kemal, hay algo en lo que
puedo decir que lo entiendo:en la esencia que él quiso exponer en su museo y
el por qué tenía tanta importancia para él.
Hay algo de las personas que amamos
que está relacionada con sus objetos, los escogieron, los usaron, decidieron quedárselos,
en algunos casos las marcas de su uso o su olor permanece. Hay algo de ellos
que nos devuelve un pedacito y que nos ayuda a conocer más.
Lo siento así porque he estado
limpiando y arreglando las cosas de mi mamá desde hace un par de semanas y haciéndolo
no sólo me he dado cuenta de que ella usaba esos trozos de papel, esas revistas, esos
discos y esos cassettes para recordar a sus amigos, familiares queridos y
estudiantes; sino que además aprendo un poquito más de ella y recuerdo un poco
más también.
A diferencia de Kemal, no quiero
quedarme con sus cosas para verlas y tocarlas, no creo que esa esencia esté
allí todo el tiempo. Creo que regalando y repartiendo, donando y usando le son
más útiles a alguien, le dan recuerdos de mi mamá a algunos y, sobre todo, le
daría más alegría y placer a ella que así fuera.

Entiendo ahora lo que antes oía de boca de terceros que habían perdido a sus seres queridos que se indignaban por familiares y amigos que pedían cosas del ausente... al final, es parte de la intimidad de esa persona y sólo él y sus más cercanos sabrían qué hacer, el dolor, el recuerdo y los objetos forman parte de ese luto. Agradezco infinitamente que ni mis hermanos ni yo hallamos tenido esos episodios desagradables con nadie.
Kemal llamó a su museo “El Museo
de la Inocencia”, si tuviera que llamar de alguna forma a la colección de objetos
que mi mamá dejó atrás este sería “El Museo del Amor” porque no hay ni un
papel, tarjeta o carta que ella haya guardado que no expresaba amor, cariño e
intimidad y al final… con los recuerdos de eso, de lo bonito, es con lo que nos
vamos.
Pd. El libro tiene un final
impredecible. Es bastante largo pero es bueno y sirve en cierta forma como
ventana a la sociedad turca de la época que recrea el libro (mediados de los 70’) y, para mi sorpresa, ¡el Museo de la Inocencia existe de verdad!, el autor creó un museo exacto al descrito por Kemal en su novela!