viernes, 27 de diciembre de 2013

Anécdotas Literarias I



I


De aquí.


Caracas. Plaza Venezuela. Andén dirección Palo Verde. 7 am. (Para más señas no cabe ni una aguja).


Ella camina con paso decidido hasta la cola, escucha música (Muse, Apocalypse. Esto no tiene importancia, no es su banda preferida pero lleva semanas pegada con ellos), cuando llega a la fila abre un libro (Cumbres Borrascosas. No tiene importancia el libro, pero vamos, había que decirlo en caso de curiosidad. No le está gustando y cuando lo termine sentenciará que lo odia. Esto tampoco importa).


Un dedo (índice creo) le toca el hombro. Deja de leer, voltea. Se encuentra con una cara desconocida. Se quita uno de los audífonos. Él le dice con tono decidido: -¿Lees?


Ella no cabe en su asombro. ¿Qué se hace con un libro abierto? ¿…en las manos? ¿Pasando los ojos por las letras?... Dios... Es obvio que se lee. -Sí - responde. -Y... ¿Qué lees? Pregunta él un poco inseguro. Ella levanta el lomo del libro. Él repite la pregunta con la mirada extraviada en sus ojos. Ella señala el lomo. Tiene ya cara de obstinada, le molesta que le quiten el tiempo para leer. -Malayo que me ha espichado la burbuja en la que me meto para soportar a este gentío- piensa.


-¿Y lees siempre lo mismo?, es que siempre te veo y estás leyendo. Ya la gente de la cola está pendiente. Ven con curiosidad tal vez el inicio de algo pero no saben de qué. La cara de ella no suelta prenda. Fría e inexpresiva. La cara de él ya está sudorosa, como en un examen -Claro... Lo termino y vuelvo a empezar, es más... Si tanto me has visto, ¿Cómo no te has fijado que los libros varían de tamaños y colores? (Ya que está visto que no sabías que en el lomo dicen, normalmente, el titulo) - piensa en cuestión de microsegundos. -No... -Responde en voz alta- leo siempre cosas diferentes. Y se voltea.


Ella pretende volver al libro, la gente vuelve a sus cosas, él... no estaba haciendo nada, solo la cola.


Ella piensa - tendré que hacer la fila en otro lugar del andén mañana... Tal vez me lo encuentre y me vuelva a interrumpir-. Se imagina también las mil y un formas que cualquier personaje de novela (en formato libro, las de TV no le gustan) pudo haber usado para hacer de ese "encuentro ingenioso" (categoría sacada de la muy cursi película "The Holidays" que le ha gustado mucho) un algo más.


Llega a la oficina, lo cuenta, lo escribe en su estatus en Facebook y tiempo después escribe un post en su blog... Parece ser que la insignificancia del diálogo al final ha significado algo más para ella que para el "galán del andén" que de seguro ya la olvidó.



II



De allá



Madrid. Sol. Entrada a la estación del Cercanías. 10pm. Con miles de bolsas en las manos. No hay mucha gente, tampoco poca, la normal.



Ella camina rápidamente hacia las escaleras, espera estar a tiempo todavía para tomar el Metro del Sur. Alguien la ve, ella no se da cuenta, se le acerca en la escalera y le dice - Hi!, are you going to Getafe?- Ella se extraña...- ¿Cómo sabe a dónde voy? Y ¿Por qué me habla en inglés?- piensa-. Pero la desconfianza y el traductor se activan como piloto automático y tomando las bolsas un poquito más fuerte responde -Eh... No. I'm going to Atocha - con una mirada de desconfianza. A lo que él responde: - Oh! I thought you were going there. I saw you the other day at Getafe station reading The Economist (my favorite magazine) so...- y mientras lo dice, saca de su bolsillo el ticket de aluminio del abono (el ticket que sacas para que los viajes que hagas por tu zona sean más baratos y que te dan si eres estudiante y residente) ya él le respondió por qué le habla en inglés, pero él es Español, duda... No tiene acento la verdad...


-Por cierto... Puedes hablarme en español- dice ella. La mirada de él se ilumina, no es que le preocupe el idioma (habla inglés muy bien, ya lo he dicho pero siendo español merece un reconocimiento extra) sino que ella le ha hecho una concesión, le ha abierto una rendija, al menos le ha dicho algo de ella. Le ha dicho que es venezolana, conoce el acento. La escalera se acaba. -Bueno... Que te vaya bien, yo tengo que comprar mi ticket- dice ella, él le grita - Vale! Te espero aquí.



En menos de 3 minutos él le convence de que no es un asesino serial. Habla de su cuñado venezolano, que estudio en Los Arcos, de su mejor amiga venezolana, que es de Maracay. Ella reconoce que no va a Atocha, va a Getafe, específicamente a Juan de la Cierva.



Y allí van hablando de CADIVI y del sistema cambiario venezolano. Él pronto se titulará economista, está muy interesado en el tema. Los dos hablan hasta por los codos (¿Qué venezolano para de hablar cuando le mencionan CADIVI?).



Él propone caminar desde Getafe hasta Juan de la Cierva. Ella acepta. Le ayuda con las bolsas. Él repara en que hay una de Casa del Libro –Te gusta leer- dice.  Él propone tomar unas cañas (birras) ella dice que no (no es por desconfianza, solo que mañana a las 7am tendrá que estar en la T2 rumbo Charleroi, igual sin cañita de por medio se quedará dormida y tendrá que correr, alcanzará el vuelo, aunque esto no tiene importancia).



Siguen caminando hablando y riéndose. Llegan al destino de ella. Se detienen. Parece el momento incómodo de la cita en la que no se sabe si habrá beso o no. Él lo piensa. Ella no, pero piensa que él sí que lo piensa. Ella le indica por donde debe seguir para llegar al metro, él asiente. Él le dice ansioso "debo volver a verte", ella no está ansiosa, sabe que se volverán a ver, lo agregará al Facebook y ya cuadrarán.



-Seguro, dime tu nombre completo y te agrego al Facebook- responde tranquila- No, mejor dame tu e-mail, podrían haber muchas con tu nombre -dice él- Ella no lo cree, es la única con esa h intercalada allí en ese nombre. Le da el e-mail. - No tienes Blackberry? Todos los venezolanos tienen- agrega él- Blackberries y CADIVI, vaya imagen que nos hemos labrado los venezolanos en el exterior...- Si tengo, pero no activé el roaming- cara de confusión de él- Es que... Estoy de vacaciones- agrega ella.



Si hubiesen habido espectadores de la escena, si la calle hubiese sido un escenario, los espectadores se hubieran ido. Una casi historia de algo que no fue. La verdad es que se volvieron a ver, no hubo beso esa vez tampoco porque a él le sobró tiempo para hablar de su novia pero le falto valor para robarle un beso en la despedida.



Se volverán a ver, tal vez más cerca de este lado que de aquel, pero siempre uno de los dos tendrá pareja. Tal vez cometan adulterio por un momento y se den el beso que han pospuesto desde hace ya un par de años sin importar los terceros (o los segundos, porque los terceros serían ellos). Se separarán y cada quien seguirá su camino. Ella imaginando cómo en una novela (en un libro, ya dije que la TV aquí no figura) esto sería parte central de la historia, no tipo Amor en Tiempos de Cólera (que siempre le pareció deprimente con todo y el reencuentro de la tercera edad de Florentino y Fermina) sino de otra manera, algo más feliz (y pasará un buen tiempo hasta que ella encuentre el paralelismo literario, los alter egos que le gustaría encarnar, que la literatura está llena de historias tristes y las alegres hay que buscarlas con lupa).


De eso ella no escribirá en su blog. Tal vez escriba un estatus de esos que son para alguien pero pretenden ser para nadie.

1 comentarios:

Yalí Noriega dijo...

Mai!! Me encanta cómo escribes. Esos encuentros de metro son fabulosos (excepto los que interrumpen lecturas con preguntas tontas). Ojalá haya más entregas de éstas.

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